Batalla de
Valdepeñas:
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l 2 de mayo de 1808 se
proclama la guerra de España contra Napoleón con el levantamiento popular de
Madrid.
Desde ese momento, las tropas francesas
comienzan un proceso de ocupación en toda la península ibérica. Como objetivo
principal tienen el bloqueo de Cádiz y el
sometimiento de Andalucía y Portugal para cortar el comercio a Inglaterra.
En 1808 cuenta Valdepeñas con
3000
vecinos (8000 habitantes). Es una de las
villas más prósperas de Castilla la Nueva,
por ser el principal productor y exportador de vino
de España. Se encuentra situada a medio camino entre Madrid y Andalucía, en el Camino Real.
Contienda de Santa Cruz de Múdela
En mayo de 1808, el General
Dupont
ordena instalar un parque de Intendencia en Santa
Cruz de Múdela, al sur de Valdepeñas.
Ante el temor de Valdepeñas, se hace
trasladar el 31 de mayo a la patrona, la Virgen de Consolación, a la iglesia
Principal, desde la ermita donde se encontraba en campo abierto. Ese día, desde
el púlpito de la iglesia, Don Juan Antonio León
Vezares, conocido como el Cura «Calao», alarma a la población del
peligro de ocupación y se organiza una Junta de Defensa, compuesta por diez
vecinos, entre los que se encontraban los dos alcaldes, el citado cura, un
contrabandista, un abogado y
un mercader.
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| Estatua Juana "La Galana" |
El 5 de junio el pueblo de
Santa Cruz de Múdela
se alza en armas y ataca el contingente francés afincado en la villa, dando
muerte a multitud de soldados. Muchos logran huir hacia el norte, dirección Valdepeñas, y consiguen rendirse a medio camino.
Llegando a Valdepeñas de noche, el pueblo y
la Junta de Defensa les impiden el paso y deben continuar campo a través hasta Manzanares, donde se unen a la tropa del General Roize. Ante lo sucedido en Santa Cruz, Roize hace llamar a las tropas del General Ligier-Belair, que tenía de guarnición en Madridejos a 500 dragones. Las tropas de ambos
generales y el convoy de Santa Cruz acordaron unificarse en el cerro de las Aguzaderas, a 2 km. al norte de Valdepeñas.
La Junta de Defensa de Valdepeñas solicita a Pedro Alesón, comandante de
una patrulla de reclutamiento del Ejército Español,
que se encontraba reclutando en la villa a hombres, que se una a la defensa.
Este, ante el peligro, escapa de la villa con muchos de los hombres útiles y
toda su tropa. También se solicitó ayuda a todas las ciudades
y villas cercanas.
Contienda de Valdepeñas
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| 6 de Junio 1808 |
El Cura «Calao» y el
contrabandista
se entrevistaron en el cerro con el General
Ligier-Belair, que se negó a rodear la villa y mostró su intención de
cruzarla por su calle principal por ser ésta el Camino
Real o Carretera a Andalucía. Ante la disconformidad de la diplomacia,
el pueblo parapetó las calles con carros y cuerdas y enterró clavos en la
tierra para dañar las caballerías.
Las tropas francesas contaban
con 500 cazadores, 250 dragones y 60 infantes al mando del capitán Bouzat; los
300 que han sobrevivido al alzamiento de Santa Cruz de Múdela y los
convalecientes. A las 8 y media de la mañana empieza la marcha francesa hasta
la entrada de la villa, a toque de tambor y corneta. Valdepeñas,
por su parte, hace sonar todas sus campanas. Al entrar los soldados,
comienza el levantamiento y la lucha en la calle principal.
Destaca aquí la figura de Juana «La Galana», que luchó en la entrada de la
villa cuerpo a cuerpo y armada con una porra.
Esta mujer de 20 años fue proclamada
posteriormente heroína local. También destacó en la lucha Francisco Abad Moreno «Chaleco», que tras perder a
su madre y a su hermano en la contienda, organizó una guerrilla que llegó a
tener hasta 400 hombres. Posteriormente fue
nombrado Brigadier y Comandante.
De este primer ataque solo pudo escapar un
niño educando de la banda de cornetas y pífanos franceses, que alertó al General Ligier-Belair de lo sucedido.
Incendio de Valdepeñas
Ligier-Belair ordena entrar
en la villa a la caballería. El pueblo vuelve a atacar desde la calle, tejados y
ventanas. El final vuelve a ser el mismo, por lo que el General francés manda entrar por las calles laterales e incendiar casa
por casa todo el pueblo. Otro pelotón se situaría a las entradas del
pueblo para fusilar a todo el que saliera de él huyendo del fuego. La lucha
continúa, muriendo
muchos quemados y otros fusilados. En total fueron incendiadas 500 casas del
norte y del flanco oeste de la villa.
Desenlace y paz
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nte la imposibilidad de
cruzar la villa por el Camino Real y de someter al pueblo, el General
Ligier-Belair ordena a su teniente Maurice de Tascher adentrarse en la
villa escoltado por dos apresados por la parte este, hasta
el Ayuntamiento. Ya en la Plaza, fue disparado, pero logró entrar y
entrevistarse con el Alcalde, que se había
escondido en un pozo. Se acordó la paz: las tropas no cruzarían la
villa y a cambio el pueblo suministraría víveres para un día. Se izó una bandera blanca en el campanario de la Iglesia
principal. Al día siguiente, los franceses pudieron entrar desarmados a
recoger sus cadáveres. El incendio no cesó en tres días, por lo que los
entierros españoles se hicieron en pleno campo pasado este tiempo.
Consecuencias
El mismo 6 de junio, la villa
de Manzanares,
al norte, ante el temor por el incendio de Valdepeñas y uniéndose a la causa
con su pueblo vecino, se dirigió al hospital
francés instalado en la villa, con la intención de hacerse con las armas
que en él se guardaban y acudir en socorro de Valdepeñas.
Los soldados franceses que custodiaban el hospital se atrincheraron en
su interior y dispararon sobre la multitud que se agolpaba, lo que enardeció
los ánimos del pueblo provocando el inmediato
asalto del hospital y multitud de bajas a los franceses. Por este hecho,
el General Sebastiani mandó saquear la villa
durante un día. Meses después el mismo General se propuso destruir la villa,
cuando sus ciudadanos, guiados por el párroco, salieron a la entrada de la
villa con la imagen de su patrón a cuestas, Nuestro
Padre Jesús del Perdón, pidiendo clemencia, provocando que el General francés se retractara, cediendo su fajín y
bastón de mando a la propia imagen. Instrumentos que hoy día aún conserva.
Tras la contienda de Valdepeñas y ante lo sucedido en Santa Cruz y
Manzanares, las tropas francesas abandonan la
provincia de La Mancha hasta Madridejos, ya en Toledo, donde esperarían refuerzos para poder cruzar hasta Andalucía.
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| Francisco, <El Chaleco> |
Durante el mes de junio,
los guerrilleros interceptaron la mayor parte de los correos franceses que
pasaban por el Camino Real a Andalucía,
especialmente en Santa Cruz de Múdela, Valdepeñas y Puerto Lapice. Uno
de ellos, apresado en Valdepeñas, llevaba
instrucciones precisas al General Dupont
sobre la actuación en la batalla de Bailén.
Ante la importancia de las cartas, el Alcalde de la
villa mandó enviarlas con celeridad al General
Castaños. Estas cartas sirvieron al Ejército
Español para conocer la estrategia napoleónica, lo que produjo la victoria
española en Bailén, la que fuera la primera derrota de Napoleón en tierra.
Por esto, el General
Castaños dijo a su regreso por Valdepeñas: «Valdepeñas ha hecho el acto más heroico en
honor de la Independencia de la Nación».
La comunicación francesa entre Madrid y
Andalucía se
mantuvo cortada por la interceptación de correos y las actuaciones de las guerrillas en La Mancha. Valga como ejemplo la
gesta de «La
Fraila», viuda y santera de una ermita de Valdepeñas, que tras perder a su hijo, guerrillero
de la partida de «Chaleco», a manos
francesas, invitó a toda una tropa de más de 100
soldados a comer y beber en la ermita. Tras tenerlos dormidos, hizo volar la
ermita prendiendo la pólvora que llevaban, muriendo todos allí.
Por este hecho y ante lo
difícil de tomar las villas del Camino Real, los franceses bordearon el río
Guadiana hasta Ciudad Real, donde entre los días 26 y 27 de marzo de 1809
se llevó a cabo la batalla de Ciudad Real entre el IV Cuerpo del Ejército Imperial Francés del General Sebastiani y el
Ejército de La Mancha del General José
de Urbina, en la que participaron más de 5000 hombres, victoriosa para los
franceses, lo que les permitió tomar la capital y toda la provincia, reanudando
la comunicación con Andalucía e instalando guarniciones en Ciudad Real, Almagro, Daimiel y en el castillo de Manzanares; pasando
Manzanares a ser capital de la provincia hasta el final de la guerra.
En 1823, el Rey Fernando VII
visitó Valdepeñas. Viendo aún la ruina en la que se
mantenía después del incendio y, conocedor de la
gesta del pueblo, le concedió el título de: «Muy Heroica Ciudad».


