Nació Juan Yáñez Cepeda en el seno de una familia humilde, un 8 de marzo de 1918, siendo el sexto y último hijo de Ruperto Yáñez López y María Francisca Cepeda García. El nacimiento se produjo como todos en aquella época en la casa paterna, en la calle Santa Rita número 21.
Su escolarización transcurre en varios centros educativos: Colegio del
Pósito; Colegio de las Huertas y más tarde el de los curas, Santo Tomás de
Aquino, donde daba clase D. Francisco
García Martínez (Manco el ocho). Ya en el colegio tenía una gran
afición por el dibujo, y de hecho pudieron dar buena cuenta de ello algunos de
sus profesores a los que caricaturizaba con orejas de burro o con cuernos, como
fue en el caso del último citado, riéndose de tal hecho cuando se conocieron de
mayores. Como su padre no era partidario de comprarle libros, perdió el curso,
y al año siguiente fue a la escuela privada de D. Félix Caballero (Chullas), ya con 8 años, pero su
asistencia era escasa, pues le llevaban al campo para ayudar en las faenas
propias de las viñas, como ensarmentar, rejacar con el garabato o trillar. Fue
su madre la que, no sabiendo leer, tenía verdadero empeño en que su hijo
aprendiera a hacerlo, y habló con D.
Ricardo Albiñana (el Manquillo), quien tras obtener la promesa de la
madre de que asistiría lo más posible a las clases, consiguió lo que el padre
tenía como único objetivo: que supiera defenderse, lo que viene siendo las
cuatro operaciones matemáticas básicas (sumar, restar, multiplicar y
dividir), leer y escribir.
Lo que consiguió después a lo largo de su vida, sin asistir a ningún
centro docente, dice mucho del espíritu de superación de Juan Yáñez Cepeda, a quien muchos conocían por el nombre de Félix, porque era el que le gustaba a
su abuela Carmen, y de hecho a su
primer hijo le puso ese nombre. Era como una esponja, ávido de absorber del
conocimiento de las personas con las que trataba y que poseían una formación
académica superior. En enero de 1938,
con 19 años, fue movilizado en el Ejército de la República, donde permaneció en
diversos frentes hasta llegar al Cerro de la Cabezuela, donde se produjo lo que
él denominó sin duda alguna, un milagro: durante un tiempo le dieron por
sordomudo como consecuencia de un bombardeo, sometiéndole a estudios
psicológicos y físicos para comprobar este extremo. Al fin le dieron la
licencia por este hecho, del que milagrosamente se recuperó como hemos podido
comprobar por fortuna.
Durante su juventud ya daba muestra de sus aficiones literarias, y cuando
en los carnavales se juntaba con la cuadrilla habitual, él era el encargado de
escribir las coplillas que cantaba el grupo. En 27 de febrero de 1943, contrae matrimonio con Carmen Quevedo Jiménez, en la Parroquia de la Asunción.
Fue su primer y único amor, y de la que sólo le separó su propia muerte.
Esto, visto con la perspectiva actual, es un auténtico record. De este
matrimonio nacieron cinco hijos: Félix,
José, Carmen, Ángela y Andrés Luis. De los cinco, sólo le han sobrevivido
dos, Félix y Carmen. Durante cinco
años el matrimonio vivió en casa de los padres de Juan, cosa, por otra parte, muy habitual en aquellos tiempos,
dedicado a la agricultura familiar. A la edad de 30 años tiene que dejar la
agricultura por razones de salud, y se traslada a vivir a la calle de Toledo nº 30, donde empieza a
formarse y a emprender su nueva actividad de Agente Comercial. En el año 1955 se traslada a vivir a la
calle Lepanto y abre un comercio de
ultramarinos en la calle del Monte,
haciéndose cargo de la representación y distribución de la gaseosa La Casera,
firma a la cual se asociaba a partir de entonces su nombre: Juan o Félix o Yáñez “el de La Casera”.
Y con el aumento de la familia y del negocio, dejó el piso de alquiler de la calle Lepanto y compró una casa en la calle del Calvario nº 21, Como los años
no pasan en balde, el matrimonio tenía problemas para subir y bajar
continuamente escaleras, por lo que se trasladaron a un edificio con ascensor
en la calle Don Víctor Peñasco nº 15, donde
vivió hasta su fallecimiento. En el año
1983 se jubila. Su yerno, Ezequiel
Cano, que observaba que en cualquier sitio y con cualquier motivo se ponía
a dibujar, le animó a encauzar esa afición y le regaló los primeros utensilios
de pintor. Es increíble su actividad haciendo dibujos o pintando al óleo. La
belleza de muchas de sus obras nos tiene fascinados a los familiares y a
quienes lo contemplan, y la pena es que no puedan ser disfrutados por más
gente, como ocurre con su colección de dibujos.
Esta actividad artística frenética, quedó frustrada un día, el 12 de febrero de 1993: estando de
viaje por Mallorca, y cuando dispuesto de su cámara hacía fotografías de
hermosos paisajes para ser pintados, tuvo la desgracia de sufrir un derrame
macular, que le redujo su visión en un 86 %. Animado por el Doctor Barraquer, de Barcelona, ingresó en la ONCE, donde lo
acogieron con verdadero cariño y le proporcionaron una tele lupa con la que
pudo, con todas las limitaciones que nos podemos imaginar, canalizar sus
aficiones literarias. La propia ONCE reconoció su labor y le otorgó una
distinción el día 20 de mayo de De la mano de un amigo, llegó a la asociación
cultural LA MEDIA FANEGA, donde asistía con asiduidad semanalmente, al
principio como un humilde escuchante, hasta que se atrevió a presentar y
declamar sus propios poemas, el primero de los cuales dedicó a su esposa Carmen. Del mismo modo, uno de
sus primeros cuadros al óleo tenían la misma dedicatoria: a su esposa Carmen.
Entrega del premio de la ONCE, con Carlos
Cotillas, su nieto Ezequiel y su
bisnieta María fe que les ha hecho
soportar con resignación los atroces golpes que les ha deparado la vida,
robándoles a tres de sus cinco hijos.
La culminación de su obra llega en el año 1997 con la publicación del
libro GENTES DE TOMELLOSO que en el año 1993, como ya he dicho, quedó
incapacitado para dibujar y pintar, pero tenía una inmensa obra ya realizada y
con ayuda de su tele lupa, y con la de otras personas que colaboraron con él en
la redacción de las bibliografías, cuyo agradecimiento está recogido en el
propio libro, fue dando forma a los personajes que componen su obra: Alcaldes,
Políticos a nivel nacional, Personas relevantes, Escritores, Poetas
y Gentes de pluma, Sacerdotes, Religiosos, Figuras
ejemplares, Pintores y Artistas y Personajes populares.
Todos los dibujos fueron realizados por él, excepto el del Alcalde D. Ramón González Martínez, por razones
obvias, pues ya no podía dibujar, y que es obra de D. Luciano González
Casajuana. Representó en su momento un gran trabajo pictórico, y después un
trabajo ingente de recopilación de datos bibliográficos. En suma, una obra que
todo tomellosero debe de conocer y que da idea de hasta dónde amó a su pueblo y
sus gentes.
El libro fue presentado y apoyado en todo momento por el Alcalde D. Ramón González y prologado por el
insigne escritor D. José López Martínez,
con quien le unía una gran amistad. Todos los dibujos de la obra fueron donados
en vida al Ayuntamiento de Tomelloso,
en donde pueden contemplarse muchos de ellos, por imposibilidad material de
poder exponer todos. Investigador nato, ha realizado el árbol genealógico de
las familias Cepeda Cañas y Heredia
González, escrito un libro de poemas titulado Poemario íntimo, y completado sus Memorias con ayuda de sus nietos José Javier (tristemente fallecido),
y Ezequiel. El 29 de septiembre de 2011 nos dejó, pero en la memoria de todos
sus familiares y múltiples amigos, queda para siempre el recuerdo de su
humanidad, por encima de todo, y de su obra pictórica y literaria. En suma, una
vida larga y provechosa, que le hace entrar con todos los merecimientos entre
las GENTES DE TOMELLOSO
