Historia de la mancha. 2
Prehistoria y Edad Antigua
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os restos prehistóricos no son escasos, sin
embargo escasean los estudios en profundidad de los yacimientos de la zona.
Existen abundantes yacimientos del Paleolítico en superficie, fundamentalmente
en torno a los ríos, que en origen pudieron ser campamentos estacionales. El Guadiana y sus afluentes
conforman una zona especialmente pródiga en yacimientos de este tipo. Como
ejemplo, en la zona del Alto
Guadiana dominada por los cursos de los ríos Córcoles y Sotuélamos y la Cañada
de Valdelobos hay una gran concentración de yacimientos del Paleolítico Medio. Concentraciones similares se pueden
encontrar en el curso medio del Guadiana.
En cuanto a Arte Paleolítico de la Península Ibérica se pueden encontrar
algunas pinturas rupestres como las figuras esquemáticas de Fuencaliente, vagamente
similares a las del levante peninsular.
En Castilla-La
Mancha
las muestras de arte rupestre levantino se dan en 93 lugares, repartidos de la
siguiente manera:
Provincia de Albacete: 79 lugares.
Provincia de Cuenca: 12 lugares.
Provincia de Guadalajara: 2 lugares.
Durante el Neolítico y la Edad del Bronce se
desarrolló en la zona sur y central (este de
Ciudad Real y oeste de Albacete) la llamada Cultura de las Motillas. Esta civilización
sedentaria se caracterizaba por la construcción de asentamientos formados por
viviendas apretadas en cinturones de murallas concéntricas, las cuales formaban
varios niveles escalonados, dando una apariencia de cerro artificial al
asentamiento y facilitando su defensa frente a las invasiones.
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| Bicha de Balazote, ejemplo del arte en la Mancha |
Posteriormente la zona sufrió la invasión
sucesiva de pueblos indoeuropeos
y más tarde recibió influencias de la cultura
íbera, sobre todo en Albacete y Ciudad
Real, donde cabe mencionar los múltiples e importantes yacimientos y
poblados existentes en toda la provincia de Albacete como el Cerro de los Santos, el Llano de la Consolación, Pozo
Moro, El Amarejo o el poblado íbero de Alarcos en la provincia de Ciudad Real.
Dentro de esta cultura hispana clasifican
los autores antiguos a varios pueblos que habitaban la región
castellano-manchega, eran pueblos de ganaderos, agricultores y guerreros:
Los celtíberos que ocuparían la
parte de la provincia de Guadalajara
y el este de la provincia de Cuenca,
y dentro de los celtíberos varios pueblos como los arévacos que ocuparían la parte norte de la provincia de Guadalajara, los lusones al noroeste de la provincia de Guadalajara y Cuenca y los olcades localizada en la
provincia de Cuenca.
Los oretanos con núcleo en Oretum, actual Granátula de Calatrava, en Ciudad Real.
Los carpetanos del curso del Tajo, cuya principal ciudad era Toletum (actual Toledo),
consagrada al dios de las aguas Tolt.
Los vettones que estarían situados al occidente de la provincia de Toledo alrededor de
Talavera de la Reina.
Las primeras referencias históricas que se
tienen de la región son las de las guerras entre los cartagineses y los pueblos
indígenas, poco antes de la segunda
guerra púnica. El motivo principal de estas guerras estaba en la
posesión de las minas de Sisapo
(hoy La Bienvenida), el mayor depósito de mercurio del mundo, que ha sido uno de
los ejes motores de La Mancha hasta los años 70 del pasado siglo.
Roma
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| Teatro romano de Segóbriga. |
Tras la victoria sobre los cartagineses, los
romanos fueron ocupando la Península Ibérica, adentrándose en el territorio,
conquistando Toletum, (actual Toledo) en el 192 a. C., tras derrotar a una coalición
de vacceos, vettones
y celtíberos. Conquistándose paulatinamente todo el
territorio de la región en años sucesivos. Como Ercávica, considerado por Tito Livio su conquista como
importante, y la firma de la
alianza de Segóbriga con los romanos.
Varios conflictos militares afectaron a la
región como la Guerra Lusitana, la
guerra entre Roma y Viriato,
afectada por las razzias de Viriato,
en la zona de los Carpetanos,
por la Sierra de San Vicente, al norte de Talavera de
la Reina y en Segóbriga.
También las guerras Sertorianas
donde habrá distintos conflictos bélicos dentro de esta guerra, el
primero donde el lugarteniente de Sertorio
derrota a M. Domicio Calvino, cerca de la localidad de Consabura (Consuegra), el asedio de Caraca (ciudad carpetana) y de otros
núcleos de la región como Segóbriga.
Denominaron a esta gran extensión, según
algunas teorías, "Campo
Espartario" (seguramente por el cultivo de esparto), si bien
otras relacionan a dicho topónimo exclusivamente con la zona de Cartagena (en aquel tiempo, Carthago Nova, y posteriormente Carthago Spartaria). Estrabón habla ampliamente de esta
región y cuenta en su Geografía que en tiempos de Augusto se realizaron unas obras muy importantes en la antigua
vía romana que iba desde Roma a Gades
(actual Cádiz). Hicieron un desvío cercano a la costa para evitar el
paso por el Campo Estepario que
consideraban largo y árido, y probablemente también para evitar las acciones de
guerrilla de los lugareños, que se prolongaron hasta bastante tiempo después de
finalizada la conquista romana.
Administrativamente, Castilla-La Mancha,
perteneció a la provincia Tarraconense
desde al 27 a. C. hasta la división de esta provincia en tres, en el 298 d. C. Entonces,
casi la totalidad de Castilla-La Mancha quedó englobada en la provincia
Carthaginense. Durante este periodo las ciudades fueron de poca importancia,
destacando Laminium, Libisosa, Toletum,
Segóbriga, Sisapo y Oretum. Con la llegada del cristianismo, Toledo y Oretum se convirtieron en
Obispados.
Edad Media La Hispania visigoda hacia el año 700.
A la caída del dominio del Imperio romano en
la zona, en el siglo V de nuestra era, se
produjo el paso de los pueblos vándalos y
alanos, tras los cuales impusieron
su dominio los visigodos. A mediados
del siglo VI, la provincia Carthaginense
quedó dividida políticamente en dos: una parte en el centro de la península,
donde estaría la actual Castilla-La
Mancha, controlada por los visigodos,
y otra en el sur y este controlada por los bizantinos.
Esta división de la provincia, supuso el
planteamiento visigodo de
establecer una nueva capital. El primer monarca que quiso establecer la nueva
capital fue Atanagildo quien
después de cortes instaladas en diferentes sedes optó finalmente por Toledo, convertida en 560 en lugar
permanente de la corte. Finalmente establecieron la capital de su reino en Toledo en el año 569. Tras la
unificación religiosa en el III
Concilio de Toledo, estrechándose la unión entre la Iglesia y el
Estado y acrecentándose el poder de la sede toledana.
La ciudad de
Toletum, capital del Reino Visigodo, aún se encontraba incluida dentro de la Carthaginense, cuya capital, Carthago Spartaria, estaba bajo
dominio bizantino. Por esta
razón, poco después de su llegada al trono, el rey visigodo Gundemaro promovió la celebración de un sínodo que se
desarrolló en Toledo y que acordó
que Toledo era la
metrópoli de toda la provincia, arrebatándole este título a la sede de Cartagena, declaración que respaldó
el rey por decreto de 23 de octubre de 610.
En estos tiempos, sin embargo, amplias
extensiones de la región permanecían deshabitadas aunque se dieron fundaciones
reales como el caso de Recópolis.
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n el año 711, los
árabes cruzaron el Estrecho de Gibraltar y dieron comienzo a la conquista de la
Península Ibérica, a la que
llamarían Al-Ándalus.
Precisamente, según varias teorías, es de la lengua árabe de la que procede el
topónimo "Mancha": así, Manxa o
Al-Mansha se traduce como "tierra
sin agua", y Manya
como "alta planicie" o "lugar elevado". El
historiador Jerónimo Zurita
afirmó que otro historiador, Pero López de
Ayala, tuvo noticia cierta del nombre de Mancha como tierra de
espartos, seca, que los godos la llamaban Espartaria y que los árabes
mantuvieron el léxico Espartaria que en lengua árabe sería Manxa. Esta tierra
Espartaria se vincula con el antiguo Campo Espartario o Espartaria, de la
Carthagena Espartera, al cual, precisamente,
pertenecía la zona anteriormente.
Dentro de la división administrativa musulmana, se dividía en coras en el Al-Ándalus interior y en
las regiones fronterizas en marcas con más poder militar para hace frente a las
incursiones de los reinos
cristianos. La actual región de
Castilla-La Mancha quedó enmarcada dentro de la llamada Marca Media (al-Targ al-awsat) con
centro en Toledo donde
residiría el gobernador con poderes militares; aparte de la actual región
englobaría las provincias de Madrid y
Soria, aunque parte de la provincia de Albacete estaría dentro de las coras de Jaén y Tudmir. Dentro de esta organización
administrativa, la Marca Media no
era un espacio administrativo unitario, si no que a su vez se dividía en
distintos distritos al mando de gobernadores civiles.
Bajo el dominio musulmán, la región se
mantuvo en buena medida escasamente poblada, en su mayor parte, aunque sí había
más población en la zona del Tajo hasta
Talavera de la Reina, y aparecieron ciudades nuevas como las
ciudades de Cuencaa y Guadalajarab posteriormente el
nombre que por aquel entonces denominaba al río
Henares, Wad-al-Hayara, es decir, "río de las piedras".
De hecho, en las orillas del que entonces era el wadi-al-Hayara y hoy es río Henares se asentaban por aquel
entonces numerosos castillos desde Sigüenza
hasta Alcalá
y se desarrollaron algunas ciudades, como Toledo o
Alcaraz, que se convirtieron en centros de importancia de la
industria textil. Los árabes, además, contribuyeron enormemente a la
agricultura de la región gracias a sus avanzadas técnicas de regadío, así como
a la ganadería, con la introducción de la oveja merina.
Reseñable son también las rebeliones que
tienen lugar en Toledo contra el poder central
omeya, manifestándose en continuas revueltas llegando a la conocida
como Jornada del foso de Toledo,
donde fueron asesinados la mayoría de los toledanos influyentes
y también la lucha entre los Banu
Di-l-Nun de Santaver, Toledo y el poder central omeya.
Tras la ruptura del Califato de Córdoba, la mayor parte de Castilla-La Mancha quedó bajo el control de la Taifa de Toledo, la cual tuvo que
enfrentarse a las taifas de
Sevilla y Murcia por el control del territorio castellano-manchego. La intervención castellana en ayuda de los
toledanos culminó en la entrega de la ciudad de
Toledo en 1085, con lo que se dio comienzo a la Reconquista cristiana de Castilla-La Mancha, al apoderarse el Reino de
Castilla de su zona norteña. No obstante, Castilla tuvo que enfrentarse
a los almorávides, quienes fueron llamados en auxilio por las otras taifas,
unificando Al-Ándalus. Se
convirtió entonces Castilla-La
Mancha en un continuo campo de batalla, con frecuentes incursiones
de ambos bandos, y escaso poblamiento humano. El máximo dominio almorávide
llegó tras la batalla de Uclés, en 1108,
que obligó a los castellanos a replegarse hasta el Tajo.
Del siglo XII al
XV
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n 1144 comenzó la descomposición del Imperio
Almorávide, que culminó en los segundos reinos de taifas, si bien pronto se
produjo la llegada de los almohades. Esta situación propició el avance
cristiano por el territorio castellano-manchego,
siendo tomada Calatrava en 1147 y encargada su defensa en 1158 a Raimundo de Fitero, fundador de la Orden de
Calatrava. Sin embargo, la derrota castellana ante los almohades en
la Batalla de Alarcos, en 1195, provocó la retirada de la Orden y la
paralización de la reconquista cristiana, que se reanudó en 1212 con la Batalla de las Navas de Tolosa. En
los años siguientes, casi toda Castilla-La
Mancha quedaría definitivamente bajo control castellano, así como el
valle
del Guadalquivir, a cuya repoblación se le otorgó prioridad frente a la
de Castilla-La Mancha,
buena parte de la cual quedó bajo el dominio de las órdenes militares.
Así, el Campo de Calatrava quedó bajo
control de la Orden de Calatrava (en mitad de
cuyos dominios fundó Alfonso X el Sabio en 1255 Villa Real, actual
Ciudad Real, para contrarrestar el poder de la orden); la Orden de San Juan se adueñó del Campo de San Juan; y la Orden de Santiago, con cabeza en Uclés,
se apoderó de buena parte de la Mancha Alta
y del Campo de Montiel. Unas décadas más tardaría en ser
reconquistada la zona oriental de La Mancha,
la Mancha de Montaragón, cuya primera mención es de 1237, al tiempo
que se produce la primera mención de la Mancha
de Haver Garat, los cuales constituyen los primeros registros del
topónimo Mancha. La mayor
parte de la Mancha de Montearagón
quedaría durante los siglos XIII y XIV bajo control del Señorío de Villena (tras pasar el Señorío de Alarcón a su
poder), sin embargo la zona oriental del Campo de Montiel, así como la Sierra
de Alcaraz, quedarían en los límites del Alfoz de
Alcaraz.
Precisamente, la Orden de Santiago dividió sus
territorios en tres comunes: el Común de Uclés, el Común de La Mancha y el Común de Montiel. Los comunes eran
asociaciones de pueblos de una misma jurisdicción con fines fiscales y
ganaderos. El Común de La Mancha,
ya en 1353, poseía territorios entre los ríos
Guadiana y Gigüela, con cabeza en Quintanar de la Orden. Entre 1478 y 1603 son descritos como
pertenecientes al Común de La Mancha los siguientes pueblos:
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| Miniatura de Jean Froissart (s. XV) sobre la Batalla de Montiel. |
En la actual provincia de Ciudad Real: Campo
de Criptana (Arenales de San Gregorio, segregado recientemente, está incluido),
Pedro Muñoz, Socuéllamos y Tomelloso.
En la actual provincia de Cuenca: Los
Hinojosos, Horcajo de Santiago, Mota del Cuervo, Pozorrubio, Santa María de los
Llanos, Villaescusa de Haro y Villamayor de Santiago.
En la actual provincia de Toledo:
Cabezamesada, Corral de Almaguer, Miguel Esteban, La Puebla de Almoradiel,
Quintanar de la Orden, El Toboso, La Villa de Don Fadrique y Villanueva de
Alcardete.
Como parte de los
reinos de Toledo y de Murcia (en su parte suroriental), integrados ambos
en la Corona de Castilla, La Mancha
fue escenario y sufrió las consecuencias de las guerras civiles castellanas que tuvieron lugar en los
siguientes siglos, y como zona fronteriza de Castilla con la Corona de Aragón, también fue escenario de las
luchas entre ambas. La Primera Guerra Civil Castellana tuvo lugar entre 1351 y
1369, entre los partidarios del rey Pedro I
y los de su medio hermano, el bastardo Enrique de Trastámara. Dicha
guerra se mezcló también con la Guerra de los Cien Años entre Francia e
Inglaterra, y con la Guerra de los dos Pedros (1356-1369), entre Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón. La guerra acabó
en plena Mancha, con la Batalla de Montiel, en 1369, en
la que Enrique mató a su hermano Pedro
y se convirtió en el nuevo rey de Castilla, Enrique II. Como consecuencia de la guerra, el nuevo rey
convirtió al Señorío de Villena en Marquesado
(el primero en la historia de Castilla), el cual otorgó a Alfonso de Aragón el Viejo. A los efectos sobre la población de
las guerras, hay que añadir los de las pestes, que afectaron a casi toda Europa
en el siglo XIV.
También en el siglo XV fue Castilla-La Mancha lugar en el que
se produjeron enfrentamientos entre las distintas facciones del reino, que
culminaron en 1475 en la Guerra de Sucesión
Castellana, que enfrentó a los partidarios de Juana la Beltraneja, hija de Enrique IV, con los partidarios de
la hermana de Enrique, e Isabel.
La guerra se convirtió en internacional al estar casada Juana con Alfonso V de Portugal e Isabel con el heredero del trono aragonés,
Fernando. La guerra concluyó en 1479
con el Tratado de Alcáçovas,
que supuso la victoria de Isabel y
Fernando, que años más tarde serían llamados los Reyes Católicos. Precisamente,
fueron los Reyes Católicos quienes crearon instituciones como la Santa Hermandad
y la Inquisición, y conquistaron en 1492 el Reino de Granada, poniendo fin al dominio musulmán en la
Península Ibérica, y con él a los peligros de los ataques de los moros en el
sur de Castilla-La Mancha.
Mapa de Castilla la Nueva de 1785
en donde aparecen dentro de dicha Región todas, las actuales provincias
castellano manchegas.
Edad Moderna
En los siglos XIV y XV se produjeron en la Corona de Castilla frecuentes
enfrentamientos entre los nobles y el rey. La monarquía era reconocida como el centro político-administrativo, y la nobleza
consolidaría sus conquistas económicas y sociales mediante el reforzamiento del
régimen señorial feudal, sistema que se reforzaría durante el reinado de los
reyes católicos.
El episodio de la Guerra de las Comunidades de Castilla, en pleno siglo XVI, tuvo
una amplia repercusión en Castilla-La
Mancha, y significó un inicial levantamiento de la nobleza contra un
rey, Carlos I y una
auténtica revuelta campesina. La virulencia de los hechos motivó la progresiva
unión de los señores junto al monarca para aplastar la sublevación popular, lo
que desencadenó una progresiva decadencia
de Castilla.
En este siglo se produce un importante
incremento tanto de población como de producción agrícola en Castilla-La Mancha que favorecerán
la fundación de ciudades y villas, pero estos avances se tornarán en decadencia en el siglo XVII, como consecuencia
de las epidemias de peste, las hambrunas y las emigraciones a otras zonas.
Nuevamente en el siglo XVIII se asiste a un
nuevo auge demográfico que extenderá el cultivo del trigo, y especialmente del
viñedo en la Comunidad. En el terreno industrial se llevaron a cabo una serie
de realizaciones dirigidas por el reformismo borbónico que no tuvieron los
resultados esperados. En este sentido, destacan la fábrica de armas blancas de Toledo, las
manufacturas de seda en Talavera de
la Reina o las de paños en Guadalajara
o Brihuega, además de los centros que venían funcionando en Toledo y Cuenca, que sufrieron un
descenso vertiginoso a lo largo de este siglo.
En 1785, con el ordenamiento territorial de Floridablanca, Castilla-La Mancha
quedó dividida en las provincias de Cuenca,
Guadalajara, La Mancha y Toledo.
Edad
Contemporánea
El 6 de junio de 1808 la población de Valdepeñas (Ciudad Real) se
alzó en armas contra las tropas napoleónicas.
Revolución liberal
La Llegada de las tropas napoleónicas tuvo
diversos efectos sobre la sociedad de la época. En 1808 se inicia un proceso de
revolución y liberación, culminando ésta con la expulsión de las tropas francesas y la restauración en el trono de
Fernando VII. No obstante, la revolución liberal se extenderá, con
alternativas variadas, hasta el final de la I República en 1874.
Si durante el siglo XVIII la zona que hoy
ocupa Castilla-La Mancha
estaba dividida en cuatro provincias, en el primer tercio del siglo XIX hubo
otros intentos de división, como el de José I (prefecturas en 1810), el
provincial de 1812 y 1822, que no tuvieron repercusiones prácticas.
En 1833, con la división provincial de Francisco Javier de Burgos, se
modificaron los límites provinciales, la mayor parte de la provincia de La Mancha fue sustituida por la de Provincia
de Ciudad Real, aunque parte de su territorio pasó a las provincias de Cuenca, Toledo y a la recién creada
de Albacete, que
sustituía a la Provincia de Chinchilla,
y que quedó conformada con parte de los territorios de las antiguas provincias
de Cuenca,
La Mancha y Murcia.
Durante el sexenio revolucionario
(1868-1874) existieron en Castilla-La
Mancha brotes de corte federalistas, prueba de ello es la
publicación de varios periódicos de ideología republicano-federal como "El Cantón Manchego" de Albacete (1870), "La Vanguardia" (1869) de Cuenca,
"La Voz de La Alcarria" de
Guadalajara o "El
Federal Toledano" y "El Cantón Toledano" (1873) editados en
Toledo, aunque de menor calado que en otras zonas del país.
La Restauración
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| Vista de uno de los molinos de Consuegra (Toledo), |
Tras la caída de la
I República, y la restauración borbónica
en la figura de Alfonso XII, se aprobó la Constitución de 1876. El
sistema político que se estableció fue bipartidista entre el Partido Liberal-Conservador y el Partido Liberal-Fusionista. Esto
permitió superar el sistema de partido único que había abocado a una falta de
legitimidad democrática a Isabel II
y a su posterior derrocamiento. El nuevo panorama permitirá una mayor
estabilidad, pero el encorsetamiento del sistema a la larga, con una
alternancia política ficticia, causará graves problemas que desembocarán en la corrupción política, cuya base estaba en el denominado caciquismo,
muy extendido por Castilla-La Mancha.
El siglo XX
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n relación con la división administrativa,
el decreto de Mancomunidades de 1913 iba a traer consigo un renacer de los regionalismos. A partir de esta
época las minorías sensibilizadas con el regionalismo
dentro de la zona actual de Castilla-La
Mancha se dividían entre los partidarios de una Castilla formada por las provincias castellanas del norte y sur del
Sistema Central, y por otro lado los partidarios de La Mancha y su zona de influencia,
que llegaron a crear el Centro
Regional Manchego (1906) en cuyo seno se constituiría en 1918 la Juventud Central Manchega que
defendería dicho ideal regional manchego. Los jóvenes de este organismo
solicitaban la creación de una Mancomunidad
Manchega compuesta por las provincias de Albacete, Ciudad Real, Cuenca, y
Toledo.
Las sucesivas crisis de la Monarquía, la
etapa de la dictadura de Primo de Rivera, y
el advenimiento de la Segunda
República se viven en Castilla-La
Mancha con similar intensidad a la del resto de España. Durante la
Guerra Civil, el territorio castellano manchego fue escenario de cruentas
batallas (toma del Alcázar de Toledo,
Batalla de Guadalajara, presencia de la Brigadas Internacionales en
Albacete,...).
Las décadas que siguieron a la Guerra Civil
estuvieron marcadas por la masiva emigración
de castellanos manchegos, tanto a las zonas más industrializadas del
país, como al extranjero. Entre los años 1950 y 1960, más de medio millón de personas
emigraron de la Comunidad.
Transición y
Autonomía.
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| Bombo de Tomelloso |
La promulgación de
la Constitución Española de 1978, con la creación del Estado de las
Autonomías, es el punto de partida para una nueva época. El autogobierno ha
supuesto para Castilla-La Mancha la
adquisición de identidad, la asunción de nuevas competencias y la
transformación del territorio.
Etapa
preautonómica.
A pesar de que anteriormente ya se había
asistido a varios intentos de crear entes más o menos coincidentes con lo que a
la postre sería Castilla-La Mancha,
los mayores hitos y contactos se produjeron durante la transición.
Ya en 1977, se
reúnen en Cuenca los diputados de las cinco provincias que integrarían
Castilla-La Mancha, y acuerdan reivindicar el reconocimiento efectivo de la
Región sobre la base de la identidad y la problemática socioeconómica que
compartían dichos territorios.
En enero de 1978, tiene lugar en el Palacio de Fuensalida de Toledo, la
reunión de parlamentarios de UCD, PSOE y
AP (principales grupos políticos del momento), para constituir la
Asamblea de Parlamentarios, encargada de llevar a cabo los primeros trabajos y
debates conducentes a la configuración de Castilla-La
Mancha como Comunidad
Autónoma. El primer paso será la constitución del Ente Preautonómico
que tendrá lugar a finales de ese año en la Iglesia de San Agustín de Almagro (Ciudad Real), nombrando a Antonio
Fernández-Galiano (UCD) como primer Presidente de la Preautonomía.
Durante la etapa preautonómica se sentarán
la base de la Comunidad, institucional y jurídicamente, irán gestionando las
primeras cesiones de competencias con el
Estado central.
Será en el Pleno de la Junta de Comunidades,
en la sesión celebrada en Guadalajara
el 21 de noviembre de 1980, cuando se decida por unanimidad, iniciar
el proceso autonómico por la vía del artículo 143 de la Constitución. El 24 de noviembre de 1980, las
cinco Diputaciones Provinciales adoptan acuerdos favorables para iniciar el
proceso autonómico y consultar a los ayuntamientos. De los 915 municipios con
que contaba la Comunidad, cerca del 85% se mostró a favor de la misma en el
plazo establecido.
El 3 de diciembre
de 1981,
una Asamblea mixta de parlamentarios y diputados provinciales, reunida en Alarcón (Cuenca),
aprueba el Proyecto de Estatuto de Autonomía
de Castilla-La Mancha y su remisión al Congreso de los Diputados para su
tramitación como Ley Orgánica. Dos meses más tarde, el 1 de febrero
de 1982, sería nombrado como Presidente del Ente Preautonómico Gonzalo Payo Subiza (UCD), quien
gestionaría la última fase del proyecto autonómico.
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| Castilla la Mancha Actual |
El 10 de agosto de
1982, las Cortes Generales aprueban el Estatuto de Autonomía de Castilla-La
Mancha mediante la Ley Orgánica 9/1982, de 10 de agosto que permite a
Castilla-La Mancha acceder al autogobierno.
La
Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha se convierte, así, en una entidad
territorial que, dentro del orden jurídico establecido (el ordenamiento
constitucional del Estado español), tiene autonomía legislativa y competencias
ejecutivas (poder para aprobar leyes y otras atribuciones), así como la
facultad de administrarse mediante sus propios representantes (a través de su
Gobierno y Administración).
Tomelloso 28/09/2019; Anastasio Lara Sevilla.








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