¿Dónde buscar
nuestro pasado?
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or desgracia, en nuestro Archivo Municipal, que no se quemó durante la Guerra, poco podemos
hacer. Los libros de registro de inhumaciones en el Cementerio Municipal
arrancan desde 1916. Allí, en cada registro, aparece el nombre de los padres de
la persona inhumada. Es un punto de partida. También se conservan algunos alistamientos de mozos, incluso del siglo
XIX, pero solo podemos constatar la existencia o no de nuestros apellidos.
Una escasa pista para acotar la fecha en que alguien de nuestra familia, con
suerte, aparece en la documentación.
Más atrás en el tiempo nos podemos ir aún con los libros de
registro de defunciones. Si podemos localizar a algún familiar fallecido en esa
década de 1870 con una edad,
supongamos, de 75 años, y al figurar
en cada registro el nombre de sus padres,
nos podremos acercar a 1770 en nuestra
búsqueda de nuestros antepasados.
Desde este punto todo se complica. Ya no hay ni registros ni documentación en nuestra
localidad. De 1752 data el conocido
como Catastro del Marqués de la Ensenada
en el que, casa a casa, se tomaron los datos de todos los tomelloseros que vivían en esa fecha, así como las propiedades que
tenían. El problema es que solo identifican a las familias y sus miembros, pero
no podemos saber quiénes era los padres
de los cabezas de familia, ni cómo sus hijos entroncan con esos que
nacieron a finales del siglo XVIII
encontrados en el Registro Civil.
Aún así, por el conjunto de apellidos que aparecen, volvemos a tener un indicio
sobre si nuestra familia vivía ya en esta localidad o no.
Con anterioridad, existen padrones de vecinos de Tomelloso que se custodian en el Archivo Municipal de Socuéllamos. Uno de ellos es de 1686. Solo aparecen los vecinos, es decir, los cabezas de familia, normalmente hombres, además de las viudas. Como antes decíamos, solo es un indicativo de que nuestro apellido ya existía en Tomelloso, ahora en el siglo XVII.
De principios de ese
siglo XVII, de 1625, es un padrón de tomelloseros que se custodia en el Archivo General de Simancas realizado
con ocasión de un donativo real. Con poco más de 100 vecinos, nos sitúa ya casi en los orígenes de nuestro pueblo.
De 1589 es otro padrón custodiado también en el Archivo General de Simancas, esta
vez realizado con ocasión de la primera independencia
de Tomelloso. Allí aparecen 94
vecinos, desglosados por las casas en que habitaban.
Algo anterior, de 1563, es una relación de vecinos que
firman un poder por el que solicitan que Tomelloso
tuviera alcaldes y regidores, es
decir, que fuera un lugar o aldea, en lugar de unas quinterías. Son 31 los nombres que aparecen, si
bien no están todos. Esos serían los primeros tomelloseros que verían existir oficios concejiles, que vieron cómo
Tomelloso dejaba de ser unas casas
de labor en el campo para pasar a ser un núcleo de población.
El siguiente y último paso que nos queda es un padrón
realizado en 1544 y que se conserva en el Archivo de la Chancillería de
Granada. Allí figuran los nombres de los 30 cabezas de familia que moraban en El Tomilloso en esa fecha, alojados en
25 casas. Es nuestro pasado más remoto.
Conclusión. Como dijimos, son solo unos nombres y unos apellidos que nos van a permitir constatar que nuestro linaje ya estaba presente, o no, en una determinada fecha en nuestro pueblo. Es cierto que es una información tan limitada y el esfuerzo para encontrarla tan grande, que casi no merece la pena perder el tiempo en eso… o no. Al fin y al cabo, si no hubieran sido por esas personas, cuya vida y memoria ha quedado reducida muchas veces a una
Línea en un padrón, hoy
no estaríamos vivos ni nuestro ser sería el que es, debemos más al pasado de lo
que normalmente creemos.
Es solo cuestión de justica traer a la luz el nombre y el
recuerdo de unas personas que lucharon y sintieron en las mismas tierras y en
los mismos espacios que nosotros ahora lo hacemos, que rezaron en nuestra iglesia de la Asunción y pasearon por las mismas
calles y plazas que lo hacemos nosotros, que vieron cómo venían al mundo sus
hijos y nietos, en la esperanza no solo de llenar su vida con amor, sino
también, aunque de forma inconfesable, de que algo de ellos quedara todavía
vivo cuando su nombre y su vida fueran solo un recuerdo… o quizás una brizna de humo en una tarde calurosa de julio.

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