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Tomelloso, Ciudad- Real ..., Spain

martes, 7 de junio de 2022

Francisco de Olivares.

 

(De simples alquerías, a población).

 Este artículo es de la Revista Pámpanas, Editado por la Asociación Cultural de Tomelloso en Madrid. Autor, Vicente Morales Becerra

 Sé  que  a  casi  nadie  le  dice  nada  este  nombre,  pero  es  a  este  personaje  a quien  debemos,  en  última  instancia,  el  nacimiento  de   Tomelloso.  Sin  él, probablemente,  Tomelloso  no  hubiera  pasado  de ser sino  otras  caserías  más como   las   que   había   repartidas,   cada   cierto   espacio,   en   La   Mancha... Empecemos nuestro relato por el principio. Francisco de Olivares no era tomellosero. En realidad, no sabemos a ciencia cierta de dónde era ni cuándo nació. Solo conocemos con rotundidad que vivió en el siglo  XVI,  en su primera mitad,  durante el reinado del emperador Carlos V, y que tenía casa, mujer e hija en Socuéllamos. En 1537 sabemos  que  era  alguacil  mayor  de Socuéllamos. Ese  era  un  cargo importante entonces. Algo así como el jefe de la policía local. En esa época, no todo  el  mundo  podía  acceder  a  los  cargos,  solo  aquellos  con  recursos suficientes y con influencia en el concejo podían aspirar a los mismos. Eso ya nos dice algo sobre este hombre. Al  año  siguiente,  1538,  este  alguacil  mayor,  junto  a  otros  pocos  hombres que   labraban   en   el   paraje   del   pozo   Tomilloso,   le   pusieron   un   pleito   al mayordomo  de  la  encomienda  de  Socuéllamos.  Recordemos  que  Socuéllamos y sus tierras pertenecían a una encomienda, llamada en el pasado de la Torre de  Vejezate,  y  a  cuyo  frente  se  situaba  un  comendador,  título  dado  como merced  a  personajes  importantes  de  la  nobleza  castellana  en  pago  de  sus servicios al Rey. El comendador de Socuéllamos entonces era Antonio de Mendoza, si bien no residía  allí  sino  que,  tras  haber  sido  nombrado  Virrey  de  Nueva  España  en 1535,  residía  ahora  en  México,  encontrándose  al  frente  de  la  encomienda  un mayordomo. Este llevaba sus cuentas y exigía las obligaciones y derechos que le pertenecían al comendador. Por  esas  fechas  existía  un  impuesto  que  todo  labrador  de  esta  zona  debía pagar:  el  diezmo.  La  décima  parte  de  la  cosecha  cogida  en  tierras  de  la encomienda  debía  ser  entregada  al  comendador  o  a  su  mayordomo  en  su nombre. 

Así,  cuando  a  partir  de  1530  se  empezaron  a  labrar  las  tierras alrededor del pozo Tomilloso, los labradores debían pagar el diezmo de ellas al comendador a quien pertenecían, esto es, al comendador de Socuéllamos. Para hacerlo, ellos mismos, o carreteros a quienes contrataban, llevaban el diezmo del pan cogido,  pues  no era otra cosa la que se cultivaba aquí trigo, cebada  y  centeno,  a  Socuéllamos.  Por  supuesto,  esto  suponía  un  gasto considerable,  además  de  perder  un  día  entero  de  trabajo  si  el  que  lo  llevaba era el propio labrador.    

 En  1538,  como  decimos,  una  vez  que  las  cosechas  de  años  anteriores habían sido buenas, con el comendador Antonio de Mendoza en América y bajo la  dirección  del  antiguo  alguacil  mayor,  Francisco  de  Olivares,  los  pocos labradores    de    El    Tomilloso    decidieron    poner    pleito    al    comendador, representado  por  su  mayordomo,  para  que  mandara  recoger  el  diezmo  en Tomelloso y no tener que llevarlo ellos a su costa a Socuéllamos.

El   pleito,   sentenciado   por   los   alcaldes   ordinarios   de   Socuéllamos recordemos   que   en   esas   fechas   actuaban   como   jueces   de   primera instancia,   les   dio   la   razón   a   los   labradores   de   El   Tomilloso.  Pero   el mayordomo  de  la  encomienda  no  podía  consentir  esto,  así,  poco  después  de dada  esta  sentencia,  acudió  a  la  Audiencia  y  Chancillería  de  Granada el tribunal  máximo  de  apelación  para  los  lugares  situados  al sur  del  Tajo,  para apelar de la misma.

Esta apelación se extendió desde 1538 a 1545, con una primera sentencia de ínterin que obligaba a llevar el pan cogido por los tomelloseros a Socuéllamos. No  obstante,  lo  más  significativo  fue  un  parón  notable  en  la  misma  ocurrido entre  1539  y  1544,  quizás  por  falta  de  recursos  para  poder  continuar  el proceso   por   parte   de   los   tomelloseros,   pero   no   por   ello   para   que   se estuvieran cruzados de brazos. La estratagema legal Tras ese parón, la línea de defensa esgrimida por esos primeros moradores pasó  a  sustentarse  en  los  siguientes  puntos: 

1º.  Que  Tomelloso  había  sido lugar poblado en el pasado, como mostraban las ruinas que allí había;

2º. Que había  30  vecinos  al  menos  viviendo  en  casas  dispuestas  a  modo  de  calles esto  estaba  cogido  con  alfileres,  estirando  lo  máximo  posible  el  número  de vecinos  y  haciendo  calles  de  lo  que  solo  eran  quinterías;

 3º.  Que  tenían iglesia  con  cura  donde  se  decía  misa  y  se  impartían  todos  los  sacramentos, así como una carnicería que los proveía de carne. La iglesia, en realidad, era una pobre habitación, con techo de madera y las paredes sin enyesar; el sagrario, una caja de madera; y la pila bautismal había sido  pedida  a  la  vecina  Argamasilla  de Alba  y  traída  en  carreta  desde  ella.  El cura no era sino un teniente de cura del de Socuéllamos, quien lo nombraba, y recibía  su  salario  en  especie  de  todos  los  moradores  de  El  Tomilloso.  En cuanto  a  la  carnicería,  también  era  un  remedo  de  una  auténtica  carnicería para surtir de carne al vecindario, nombrándose su obligado solo de  un año a esa parte. Todo ello no parece ser sino una triquiñuela legal con la que intentar ganar el  pleito.  Así,  Tomelloso,  sobre  el  papel,  tenía  los  servicios  de  cualquier  otro lugar  poblado,  un  número  suficiente  de  moradores  y  además  había  sido población en el pasado, como lo habían sido San Martín y Manjavacas, donde el comendador,  por  ese  motivo,  iba  por  el  diezmo. 

Por  tanto,  en  Tomelloso, razonaba el abogado de los tomelloseros debería pasar lo mismo. El   proceso   se   reanudó   en   1544,   pero,   al   final,   al   año   siguiente,   las pretensiones   de   los   tomelloseros   fueron   desestimadas   por   el   tribunal granadino.  De  esta  forma,  y  hasta  que  mucho  más  tarde  se  autorizó  la construcción  de  una  tercia  en  Tomelloso,  el  diezmo  hubo  de  ser  llevado  a Socuéllamos a costa de los tomelloseros. Pero,  independientemente  de  este  aparente  fracaso,  la  verdad  es  que  la infraestructura de aldea que Francisco de Olivares había creado para ganar el pleito  estaba  hecha.  Es  cierto  que  la  iglesia  era  mínima  y  por  cura  había  un teniente  de  cura;  también  que  la  carnicería  era  casi  insuficiente  y  que  los vecinos eran solo un puñado, pero Tomelloso había nacido como población.  De Francisco de Olivares, con casa, mujer e hija en Socuéllamos, además de su quintería en Tomelloso, la documentación no nos vuelve a decir nada desde 1544. 

El  silencio  se  lo  tragó  a  él  y  a  su  memoria  poco  después  de  lo  narrado aquí.  Luego,  muchísimos  años  después,  en  los  años  ochenta  del  siglo  XX,  la profesora  Ángela  Madrid  Medina  descubrió  el  pleito  en  la  Chancillería  de Granada  y  lo  estudió  por  primera  vez.  El  nombre  de  Francisco  de  Olivares volvía de nuevo a la luz. Ahora, no tengo la menor duda, sé que debemos a Francisco de Olivares que Tomelloso pasara de ser unas simples alquerías, como tantas otras que había en  La  Mancha,  a  ser  una  población.  Y  aunque  su  pretensión  de  no  llevar  el diezmo no triunfó, su idea de que Tomelloso era en realidad un pueblo sí que lo hizo. Por todo esto, y no es para menos, creo que ya es hora de que le rindamos el  homenaje  que  se  merece  a  este  hombre,  a  ese  antiguo  alguacil  mayor  de Socuéllamos  que,  sobre  1540,  abrazó  el  pensamiento  de  crear  un  pueblo  de unas  simples  quinterías  para  ganar  un  pleito.  Por  lo  menos  que  nuestro homenaje  sea  no  tenerlo  en  el  olvido,  que  sepamos,  con  nuestra  mayor admiración, a quién debemos el nacimiento de nuestro querido Tomelloso.

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