Una parte importante del Patrimonio Cultural de Tomelloso
lo constituyen, sin duda, las más de mil bodegas-cueva de nuestra localidad, las cuarenta chimeneas de ladrillo de antiguas destilerías existentes en nuestro término y, cómo no, los casi mil bombos construidos por los tomelloseros con piedra seca en nuestro término y otros colindantes.
Citar estas tres partes del Patrimonio
de los tomelloseros de forma conjunta no es una casualidad, sino que lo
hacemos, como se dice por aquí, “con intención”. En nuestra opinión se trata de
un patrimonio construido entre los siglos
XIX y XX por el enorme empuje y capacidad de trabajo de los
tomelloseros y tomelloseras, los cuales ampliaron la extensión de sus
propiedades en esta época.
El término municipal de Tomelloso es uno de los más
pequeños de las localidades vecinas. Nuestros agricultores comenzaron a
introducirse en términos colindantes,
sobre todo con propiedades, en principios arrendados y cada vez más lejanos. El
medio de transporte eran mulas,
lentos animales que tardaban varias horas en recorrer quince, veinte o más
kilómetros. Se hizo necesario construir refugios en la parcela para pernoctar
hombres y animales varias noches. De esta necesidad surgieron la mayoría de los
bombos.
Los
bombos
solucionaban el problema del alojamiento de los trabajadores en el lugar de
trabajo, pero aún quedaban varios problemas más que resolver. La producción de vino crecía año
tras año en nuestro pueblo en la época citada y a nuestros agricultores no les
gustaba vender toda la uva en la vendimia, pues los precios no eran casi nunca
altos. Mucho más les apetecía elaborar
el vino, almacenarlo y venderlo tranquilamente durante todo el año.
Aprovechando las condiciones especiales del subsuelo de nuestro pueblo los almacenes
los construyeron debajo mismo de sus casas: las cuevas.
Chimeneas
El enorme aumento de producción
vinícola durante el siglo XIX y hasta
mediados del XX no se correspondía en absoluto con las infraestructuras
para transportarlo a otros lugares, por lo cual
se montaron las destilerías. Una parte de la producción se destilaba
todos los años, obteniendo holandas
y aguardientes de calidad,
los cuales se utilizaban posteriormente para fabricación de bebidas espirituosas. Con esta
actividad se reducía la cantidad de producto a transportar,- para obtener un
litro de Holanda hay que destilar
varios litros de vino, y se sumaba el beneficio industrial a la
comercialización del vino. El
momento álgido de la destilación en Tomelloso
se produjo en torno a los años
sesenta del siglo XX, fecha en la que en Tomelloso llegaron a existir hasta sesenta destilerías.
Para hacer la destilación del vino se necesita una torre de
destilación en la que se calienta el vino y, conforme va subiendo por la torre
va perdiendo agua hasta que se obtiene el producto deseado. Más o menos es así,
aunque en realidad es más difícil. La energía para calentar el producto la
proporcionaban calderas alimentadas por carbón, leña u orujillo desecado del
año anterior. Las grandes torres de destilación estaban alimentadas por
calderas de carbón. Para evacuar los humos negros y contaminantes de las
calderas de carbón a una altura adecuada los dueños de las destilerías
construían chimeneas de ladrillo de
veinte, treinta, cuarenta o
incluso más de cuarenta metros de altura. En los años sesenta del siglo
pasado llegó a haber en las sesenta destilerías de Tomelloso hasta cien
chimeneas. Aún hoy se conservan cerca de cuarenta de estas torres.
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| De los primeros Bombos |
Como decimos por esta tierra “una cosa lleva a la otra”. Los bombos ayudaron a organizar los
trabajos continuados en parcelas lejanas de Tomelloso, facilitando el descanso adecuado de trabajadores
y animales de labor. Las cuevas
ayudaron al almacenamiento de un producto como el vino, con el que hay que tener ciertos cuidados y las
destilerías ayudaron a la diversificación en la comercialización del producto,
además de reducir el volumen de transporte en una época en que transportar
millones de litros de vino era
complicado.
Nosotros vemos una clara relación
entre estos tres elementos con la expansión extraordinaria de la producción vinícola en Tomelloso en los siglos XIX y XX.
Por ello consideramos que la forma más efectiva para defenderlos y ponerlos en
valor es hacerlo de forma conjunta. Todo ello, por supuesto, sin que sea
obstáculo para hacer de cada uno de ellos una ficha individual, aprovechando
las mayores ventajas que la Ley actual de Patrimonio Cultural de Castilla La
Mancha ofrezca en cada caso particular.
Los tres elementos citados están
recogidos en la mencionada ley. Las chimeneas
de antiguas destilerías y las cuevas,
como vestigios de la actividad industrial del hombre en épocas pasadas y
los bombos como patrimonio
etnográfico. Los bombos y
las chimeneas, además, están expresamente protegidos por acuerdos
de pleno del Excmo. Ayto. de
Tomelloso.
Las
chimeneas
están catalogadas desde hace unos años, los bombos del término Municipal de Tomelloso también y de las cuevas existe un intento de catalogarlas que va avanzando a buen ritmo.
REATAS
Esos
son los carreros, trasunto del ayer. Cuando salen
con las reatas se ignora todo el
esfuerzo que eso supone. La mula, junto con el bombo, ha marcado con su sello
imperecedero nuestro carácter, quizás estoico, orgulloso e individual para lo
bueno y para lo malo. Estamos hechos de esa andadura a base de renuncias y de
dureza. A los carreros de este siglo XXI, les debemos el que nuestros hijos y nuestros
nietos, al verlos desfilar, conozcan ese mundo extinguido que nos hizo como somos hoy, luchadores, emprendedores,
y a confiar exclusivamente en nuestro propio esfuerzo.
En
Tomelloso
se aseguraba en el pasado, que los culos
más hermosos de la romería, son los
culos de las mulas. Actualmente el arte del esquile que lucen es
fotografiado por ser verdaderas obras de arte. Arte efímero que hay que
restaurar cuando crece el pelo de los animales.
Las mulas de las reatas lucen
mantillas de seda que siguen bordando las
mujeres tomelloseras. El bordado, a mano y a máquina, en Tomelloso, ha sido considerado y es, un
oficio admirado, transmitido de madres a hijas. De tal manera que había
talleres de maestras adonde las adolescentes pagaban por ir a aprender. Todavía
se conserva esa tradición artesanal, además de bordar las mantillas de las mulas, marcar las letras de los propietarios a punto de cruz en los costales para el
trigo, en la saca de dormir, en las
alforjas y el pañuelo de yerbas, las
mujeres bordan las faldas manchegas y las túnicas de nazarenos que se lucen
en la Semana Santa.
El
pueblo que olvida sus orígenes y el
esfuerzo de sus mayores se autodestruye. ¿Acaso la gente sabe diferenciar estos
matices?
No. Desde luego que no. Pero ahí están los catalanes, los vascos,
los andaluces, los gallegos, los asturianos… defendiendo su tradición.
Tomelloso y La Mancha, deberían saber que gracias a que hay un colectivo de 100
personas aportando dinero y esfuerzo en
la actualidad se han recuperado las reatas. Reatas que desfilan gracias a que hay medio centenar de mulas que los
carreros cuidan día a día.
Lo verdaderamente difícil fue levantar
este Patrimonio en poco más de un siglo y ya está hecho. Lo hicieron nuestros
antepasados, a veces padres y madres,
abuelos y abuelas o poco más atrás en el árbol genealógico. A nosotros nos
queda la responsabilidad conseguir que se proteja y conserve adecuadamente,
darlo a conocer y ponerlo en valor, siendo una tarea mucho más fácil,
evidentemente. ¿Seremos capaces de
llevarla a cabo?
ENLACES; HIMNO DE TOMELLOSO
AVIARIO LARA SEVILLA
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