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Tomelloso, Ciudad- Real ..., Spain

sábado, 20 de julio de 2019

CUEVAS, CHIMENEAS, BOMBOS Y REATAS.



 Una parte importante del Patrimonio Cultural de Tomelloso lo constituyen, sin duda, las más de mil bodegas-cueva de nuestra localidad,  las cuarenta chimeneas de ladrillo de antiguas destilerías existentes en nuestro término y, cómo no, los casi mil bombos construidos por los tomelloseros con piedra seca en nuestro término y otros colindantes.

Citar estas tres partes del  Patrimonio de los tomelloseros de forma conjunta no es una casualidad, sino que lo hacemos, como se dice por aquí, “con intención”. En nuestra opinión se trata de un patrimonio construido entre los siglos XIX y XX por el enorme empuje y capacidad de trabajo de los tomelloseros y tomelloseras, los cuales ampliaron la extensión de sus propiedades en esta época.

El término municipal de Tomelloso es uno de los más pequeños de las localidades vecinas. Nuestros agricultores comenzaron a introducirse en términos  colindantes, sobre todo con propiedades, en principios arrendados y cada vez más lejanos. El medio de transporte eran mulas, lentos animales que tardaban varias horas en recorrer quince, veinte o más kilómetros. Se hizo necesario construir refugios en la parcela para pernoctar hombres y animales varias noches. De esta necesidad surgieron la mayoría de los 
bombos.
Los bombos solucionaban el problema del alojamiento de los trabajadores en el lugar de trabajo, pero aún quedaban varios problemas más que resolver. La producción de vino crecía año tras año en nuestro pueblo en la época citada y a nuestros agricultores no les gustaba vender toda la uva en la vendimia, pues los precios no eran casi nunca altos. Mucho más les apetecía elaborar el vino, almacenarlo y venderlo tranquilamente durante todo el año. Aprovechando las condiciones especiales del subsuelo de nuestro pueblo los almacenes los construyeron debajo mismo de sus casas: las cuevas.
Chimeneas
El enorme aumento de producción vinícola durante el siglo XIX y hasta mediados del XX no se correspondía en absoluto con las infraestructuras para transportarlo a otros lugares, por lo cual  se montaron las destilerías. Una parte de la producción se destilaba todos los años, obteniendo holandas y aguardientes de calidad, los cuales se utilizaban posteriormente para fabricación de bebidas espirituosas. Con esta actividad se reducía la cantidad de producto a transportar,- para obtener un litro de Holanda hay que destilar varios litros de vino, y se sumaba el beneficio industrial a la comercialización del vino. El momento álgido de la destilación en Tomelloso se produjo en torno a los años sesenta del siglo XX, fecha en la que en Tomelloso llegaron a existir hasta sesenta destilerías.
Para hacer la destilación del vino se necesita una torre de destilación en la que se calienta el vino y, conforme va subiendo por la torre va perdiendo agua hasta que se obtiene el producto deseado. Más o menos es así, aunque en realidad es más difícil. La energía para calentar el producto la proporcionaban calderas alimentadas por carbón, leña u orujillo desecado del año anterior. Las grandes torres de destilación estaban alimentadas por calderas de carbón. Para evacuar los humos negros y contaminantes de las calderas de carbón a una altura adecuada los dueños de las destilerías construían chimeneas de ladrillo de veinte, treinta, cuarenta o incluso más de cuarenta metros de altura. En los años sesenta del siglo pasado llegó a haber en las sesenta destilerías de Tomelloso hasta cien chimeneas. Aún hoy se conservan cerca de cuarenta de estas torres.
De los primeros Bombos
Como decimos por esta tierra “una cosa lleva a la otra”. Los bombos ayudaron a organizar los trabajos continuados en parcelas lejanas de Tomelloso, facilitando el descanso adecuado de trabajadores y animales de labor. Las cuevas ayudaron al almacenamiento de un producto como el vino, con el que hay que tener ciertos cuidados y las destilerías ayudaron a la diversificación en la comercialización del producto, además de reducir el volumen de transporte en una época en que transportar millones de litros de vino  era complicado.
Nosotros vemos una clara relación entre estos tres elementos con la expansión extraordinaria  de la producción vinícola en Tomelloso en los siglos XIX y XX. Por ello consideramos que la forma más efectiva para defenderlos y ponerlos en valor es hacerlo de forma conjunta. Todo ello, por supuesto, sin que sea obstáculo para hacer de cada uno de ellos una ficha individual, aprovechando las mayores ventajas que la Ley actual de Patrimonio Cultural de Castilla La Mancha ofrezca en cada caso particular.

Los tres elementos citados están recogidos en la mencionada ley. Las chimeneas de antiguas destilerías y las cuevas,  como vestigios de la actividad industrial del hombre en épocas pasadas y los bombos como patrimonio etnográfico. Los bombos y las   chimeneas, además, están expresamente protegidos por acuerdos de pleno del Excmo. Ayto. de Tomelloso.
Las chimeneas están catalogadas desde hace unos años, los bombos del término Municipal de Tomelloso también y de las cuevas existe un intento de catalogarlas  que va avanzando a buen ritmo.

REATAS
Esos son los carreros, trasunto del  ayer. Cuando salen con las reatas  se ignora todo el esfuerzo que eso supone.  La mula, junto con el bombo, ha marcado con su sello imperecedero nuestro carácter, quizás estoico, orgulloso e individual para lo bueno y para lo malo. Estamos hechos de esa andadura a base de renuncias y de dureza. A los carreros  de este siglo XXI,  les debemos el que nuestros hijos y nuestros nietos, al verlos desfilar, conozcan ese mundo extinguido que  nos hizo como somos hoy, luchadores, emprendedores, y a confiar exclusivamente en nuestro propio esfuerzo.
En Tomelloso se aseguraba en el pasado, que los culos más hermosos de la romería, son los culos de las mulas. Actualmente el arte del esquile que lucen es fotografiado por ser verdaderas obras de arte. Arte efímero que hay que restaurar cuando crece el pelo de los animales.  Las mulas de las reatas lucen mantillas de seda que siguen bordando las mujeres tomelloseras. El bordado, a mano y a máquina, en Tomelloso, ha sido considerado y es, un oficio admirado, transmitido de madres a hijas. De tal manera que había talleres de maestras adonde las adolescentes pagaban por ir a aprender. Todavía se conserva esa tradición artesanal, además de bordar las mantillas de las mulas, marcar las letras de los propietarios  a punto de cruz en los costales para el trigo, en  la saca de dormir, en las alforjas y el pañuelo de yerbas, las mujeres bordan las faldas manchegas y las túnicas de nazarenos que se lucen en la Semana Santa.
El pueblo que olvida  sus orígenes y el esfuerzo de sus mayores se autodestruye. ¿Acaso la gente sabe diferenciar estos matices? No. Desde luego que no. Pero ahí están los catalanes, los vascos, los andaluces, los gallegos, los asturianos… defendiendo su tradición. Tomelloso y La Mancha, deberían saber que gracias a que hay un colectivo de 100 personas  aportando dinero y esfuerzo en la actualidad se han recuperado las reatas. Reatas que desfilan gracias  a que hay medio centenar de mulas que los carreros cuidan día a día.


Lo verdaderamente difícil fue levantar este Patrimonio en poco más de un siglo y ya está hecho. Lo hicieron nuestros antepasados, a veces padres y madres, abuelos y abuelas o poco más atrás en el árbol genealógico. A nosotros nos queda la responsabilidad conseguir que se proteja y conserve adecuadamente, darlo a conocer y ponerlo en valor, siendo una tarea mucho más fácil, evidentemente. ¿Seremos capaces de llevarla a cabo?

ENLACES; HIMNO DE TOMELLOSO
                 AVIARIO LARA SEVILLA

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