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Tomelloso, Ciudad- Real ..., Spain

jueves, 11 de julio de 2019

FRANCISCO GARCÍA PAVÓN


Esta pequeña Historia de Francisco García Pavón, es corta para todos los logros, conseguidos a nivel personal, así como para su Pueblo que es tomelloso. Pero tiene algunos diálogos muy interesantes, espero os guste:


E
l escritor Francisco García Pavón falleció en Madrid, en la madrugada      del domingo 18 de marzo de 1989, a los 69 años de edad. Premio Nadal en el año 1969 por la novela Las hermanas coloradas, adquirió popularidad como creador de Plinio, un guardia urbano de Tomelloso, que fue encamado en la televisión por el actor Antonio Casal. García Pavón nació en Tomelloso, Ciudad Real, el 24 de septiembre de 1919, y entre sus obras destacan Cerca de Oviedo, Historia de Tomelloso, La guerra de los dos mil años y El reinado de Witiza. El escritor será enterrado en Tomelloso su ciudad natal.


Si hubiera que buscar al hombre que convirtió esa localidad castellana de Tomelloso en una especie de Atenas manchega, de la que salieron figuras como las del pintor Antonio López o los poetas Eladio Cabañero o Félix Grande, el nombre de Francisco García Pavón se impone de antemano. Fue el mayor de todos ellos, pues allí nació en 1919, el más culto y el más académico también, y el que contribuyó decisivamente: a su lanzamiento. Fue también el primer doctor en Letras, catedrático después, y director durante muchos años de la Escuela de Arte Dramático, aparte de crítico teatral atento, de novelista de éxito, y de un creador de cuentos excepcional. Pero sus raíces manchegas no le abandonaron jamás, le sirvieron de anclaje en lo real y de rampa de lanzamiento para toda suerte de empresas posteriores.

Hay que revisar las fechas. Su primera novela, Cerca de Oviedo, quedó finalista en el Premio Nadal de 1945, el segundo después del éxito de la tan mítica Nadal, de Carmen Laforet, y García Pavón seguiría opositando a este concurso, siendo finalista otra vez, antes de con seguirlo en 1969 con Las hermanas coloradas. El escritor había vivido desde dentro todas las tragedias de aquella época terrible, la guerra civil en el bando republicano, la difícil posguerra como un joven intelectual y profesor fascinado por el teatro, un teatro que entonces luchaba a través de la literatura para atravesar el desierto. Fue un crítico notable durante muchos años, y además sorprendió al sistema establecido con una obra de investigación que se proyectaba hacia el futuro, su célebre El teatro social en España, en 1962. También dirigió durante muchos años la editorial Taurus. Pero, a través de todas aquellas aventuras, el escritor que era García Pavón volvía una y otra vez a Tomelloso, a su Mancha natal, recreándola con humor, ironía y una evidente objetividad. Y aquí dio García Pavón la mejor medida de sí mismo, en esos espléndidos relatos que reuniría después en Cuento de mamá (1952), Las campanas de Tirteafuera (1955) y, sobre todo, aquellos tan sorprendentes para su época Cuentos republicanos (1961) y Los liberales (1965). Para entonces García Pavón ya estaba considerado como uno de los mejores cuentistas hispánicos, no sólo por su obra de creación, sino también por la de teórico y antólogo: Antología de cuentistas españoles contemporáneos (1959).El escritor investigaba principalmente en sus recuerdos infantiles y familiares, y -corno dijo algún crítico- contemplaba los toros siempre desde la barrera. Su ironía, su tierno humor siempre disponible, distanciaban las tragedias, las alejaban, y convertían en diversión lo, que en el fondo nunca dejaba de ser siempre una conversión. Y, por debajo, un liberalismo siempre de buena ley, una extraña racionalidad bastante insólita en nuestros lares, una infinita capacidad de comprensión.

Y
 Así llegó Plinio, el nombre emblemático, el pequeño mito manchego, que
supuso al mismo tiempo el triunfo del escritor y la maldición de su etiqueta final, que me niego a suponer definitiva. Francisco García Pavón ha sido conocido sobre todo por las aventuras de su insólito personaje Plinio, el imaginario jefe de la Policía Municipal de Tomelloso, que resuelve crimen tras crimen corno sí fuera la encarnación manchega del comisario Mairet. Historias de Plinio, Los carros vacíos, Las hermanas coloradas, antes de volver al relato irónico costumbrista de Los nacionales (1977).
 
  
Pero también las novelas de Plinio son una suma de novelas cortas, y al menos son peores cuanto más se alargan. Francisco García Pavón, ese tierno y humorístico escritor manchego, que nació liberal y nunca dejó de serlo, que cruzó el imperialismo de posguerra y el realismo social posterior, acompañado de su personal ironía, y terminó creando mitos de consumo, será siempre recordado como uno de nuestros mejores cuentistas de este siglo.

AMBIENTADAS EN MADRID

Están los relatos y novelas cortas como El Quaque, Los carros vacíos, Los jamones o las Historias de Plinio que incluyen El Carnaval y El charco de sangre.
AMBIENTADAS EN TOMELLOSO

Que publicó a partir de 1968 la editorial Destino. Además, todas incluyen al final un glosario de localismos.

Ø  El reinado de Witiza, finalista del Premio Nadal en 1967.
Ø  El rapto de las Sabinas. Premio de la Crítica de narrativa en 1969.
Ø  Las Hermanas Coloradas. Premio Nadal también en 1969.
Ø  Nuevas historias de Plinio, que se reeditó con los relatos inéditos: El huésped de la habitación número cinco, El caso de la habitación soñada, Echaron la tarde a muertos, Las desilusiones de Plinio y Muerte y blancura de Baudelio Perona Cepeda.
Ø  Una semana de lluvia. Posiblemente mi preferido.
Ø  Vendimiario de Plinio.
Ø  Voces en Ruidera. Con un sorprendente final para la época y que logró burlar la censura.
Ø  El último sábado, con los relatos inéditos de Las fresas del Café Gijón, Los sueños del hijo de Pito Solo, Fecha exacta de la muerte de Polonio Torrijas, Sospechas anulares de Plinio, La esquela mortuoria, Detalles sobre el suicidio de Arnaldo Panizo, Un crimen verdaderamente perfecto, Una tarde sin faena de Plinio y don Lotario y La bella durmiente.
Ø  Otra vez domingo.
Ø  El caso mudo y otras historias de Plinio.
Ø  El hospital de los dormidos. Ultima aventura de Manuel Gonzales, (Plinio) y su fiel amigo Dº Lotario.
DIALOGOS DE PLINIO, Dº LOTARIO

Y CONCIUDADANOS.
Mis novelas preferidas hay muchas pero, una semana de lluvia, Carros Vacios, Voces en Ruidera, Las Hermanas Coloradas, así como El Reinado de Witiza, me gustaron bastante, pero les recomiendo la última
aventura de Plinio, como El Hospital de los dormidos, es una novela con un argumento muy pobre pero rica por los diálogos que el escritor introduce entre Plinio, Dº Lotario y algunos ciudadanos conocidos de Plinio, por estas aptitudes dialogantes por lo cual es que narre aquí algunos diálogos de estos dormidos con bandolina.. Como verán ustedes a continuación los diálogos le pongo, P de Plinio. L de Dº Lotario.  J 1, J2 de dos jóvenes que conversa con Plinio, Luego según aparezcan otros ciudadanos iremos anotándolo.

Ø  Cruzaron  la estacioncilla de Cinco Casas, Jubilada, como los jaraíces caseros,  las cuevecillas, los pozos, las cuadras y los horcates. Sin trenes con pitos, vagones viejos color almagre, y aquel jefe de estación-<;
Ø  P-¿Se acuerda usted Dº Lotario?>--que despedía a los viajeros de todos los trenes meneando la dentadura postiza.
Ø  L- Meneándola, no, Manuel, quitándosela y enseñándola con la mano en alto.
Ø  P- Es verdad, don Lotario, como si le diera mucho gusto tener dientes mecánicos y enseñarle a los que iban su boca hueca.
Ø  P-<Quién iba a decir, hace nada, que estos sequeríos iban a verse así, tan lucidos y comerciales>.
Ø  P-A mí esto de salir al campo a nada, a mirarlo, me aburre más que un concierto de tambores.
Ø  L- Pues no creas que en el pueblo ver todas las tardes a las siete a la Fernanda, en la esquina de la calle del Matadero, esperando a su marido, el que se marcho a la feria de Argamasilla el año que acabó la guerra y todavía está por venir…
Ø  P- Es que le guastaban tanto los columpios  que a lo mejor subió en ellos y no se ha bajado todavía.
Ø  L- Si es verdad lo que contaban, en los columpios, en los caballitos o donde sea, se lo pasará bien con tal  de no acostarse con ella, que por lo visto tiene el conejo tan estrecho que no le cabe un calambre. Ya sabes que la noche de bodas dejaron  el colchón empapao de sangre y él tuvo la minga en cabestrillo qué se yo los días.
Ø  P- Como le gusta a usted las exageraciones del pueblo.
Ø  L- Es lo único que meda el rayo de la risa.
o   ______________________________

Ø  L- Alfalfares: Como soy así tan añorante, me gustan más las viñas que la alfalfa, y todas estas plantas de regadío.
Ø  P- Lo mismo dirían los pastores antiguos cuando empezaron a plantar viñas por esta tierra de monte y trigo
Ø  Pasada Argamasilla se desviaron por la Carretera de Ruidera. Frente a la Alavesa.
Ø  L- Fíjate, Ingleses bañándose en el Guadiana, aunque esté envasado en cemento.
Ø  P- O a lo mejor son de Villarrobledo, don Lotario. No presuma usted de saber de donde es la gente por el color de los calzoncillos, que el otro día vio mi hija a Julia, la fue monja, con unos pantalones vaqueros metidos en las dos rajas del culo.
Ø  L-Todo se acaba. Con los curas y las monjas va a pasar lo que con los paipays, que ya ni se fabrican.
Ø  P- Es que ha sido mucha historia… Que se ha pasado usted, don Lotario. El camino es aquel.
Ø  L- Ah, es verdad. Creí que se refería a lo de los curas.
Ø  L- Pero oye, no se ve el molino. Y mira que está esto desarbolado. Quien te ha visto y quién te ve, Molino de San José.
Ø  P- De San José no de San Juan. Que se hundió y no queda nada.
Ø  L- ¿Pero qué me dices?
Ø  P- que hasta esto puede quedarse tan inútil como la vida de un hombre.
Ø  L- No dramatices, Manuel. Todo consiste en que el agua la han desviado un poco hasta el canalillo.
Ø  P- Eso sí, pero que La Mancha se haya quedado sin Guadiana no había pasado en toda la historia.
o   ----------------------------------------------------
o    
Ø  L- ¿Qué cuenta don Reprimido Rodríguez? “R”
Ø  R- Nada, Lotario ¿qué quieres que se pueda contar en esta vida rodeada de nichos por todas partes, menos por la de los panteones?
Ø  L- Venga hombre, anímate un poquillo, que por algunos lados hay bodas, con bien dice tu traje.
Ø  R- ¡De boda! Después de traerlo al mundo, el peor engaño que puede hacérsele a un antropo es casarlo.
Ø  P- Pues qué hay de malo en las bodas, Rodríguez?.
Ø  R- ¿De malo?  Las mujeres, Manuel, las mujeres. Que después de los sermones es lo más pesado que puede mentar boca, lo más acibo que llego al mundo de los hombres. Hombre pesados hay, ya lo creo, pero no todos. Y las mujeres, sí. Plomo total, ni una aligera, así que las oyes dos horas, incluidas las del acueste.



Ø  L- Hoy le ha dao  por las mujeres. “las de la raja”. “los aquí yace”, “los curas” “y las bodas” es lo suyo.
Ø  R-Manuel -, todo el día estoy pensando; ¿a dónde habrán ido a parar los vestidos de novia de todas las que se casaron en este pueblo?
Ø  P- ¿Pero desde los tiempos de Aparicio y Quiralte?
Ø  R- por lo menos…
Ø  P- Hombre, Rodríguez, el problema se las trae—Verdad, don Lotario.
Ø  R- Debe haber todavía baúles y cómodas antiguas con trajes de novia de los tiempos de don Pedro Quintín Araque, alguacil mayor de esta villa, entre bolas de polilla y flores secas.
Ø  L- ¿y en los camisones de la noches de boda no has pensado, Rodríguez?

Otro dialogo esta vez con el Deprimido D, buen ciudadano y amigo de Dº Lotario, sobre una boda no realizada.
Ø  D- Las mujeres tienen mucha antena para cosas de ingles y de altares.
Ø  L- Como que nuestra religión es historia de un parto.
Ø  D- Pero sin romperlo ni mancharlo.
Ø  L- Las mujeres han hecho el mundo por dentro.
Ø  D- Los hombres solo hemos sido los albañiles.
Ø  D- vivimos en un mundo de coños abiertos soltando bacines…
Ø  L- …Que siempre lo verán todo desde ahí.
Ø  D- No tenemos remedio; todos los hombres somos niños cubiertos de coño.
Ø  P- Bueno, bueno, vamos a echar un ojeo. Para lo que tenemos que haces. Pero me huele que esto es cosa de faldas o calzones.
Ø  L- que cara de estatua  se le ha quedado al novio.
Ø  D- Y sin querer mover de de la puerta de la iglesia, como seguro de que ha ocurrido lo que temía.
Ø  L- Ahora vas un poco deprisa, Manuel.
Ø  P- A lo mejor pero como hay confianza digo lo que siento.
Ø  P- El palpito. Lo que se me ha quedado muy grabado es que la asturiana se haya largado con el ramo en la mano.
Ø  L- A lo mejor para dárselo a otro.
Ø  P- No recuerdo que haya ocurrido aquí algo así desde que hay iglesia. Eso lo sabría Paco el sacristán
Ø  L- Que algún novio se escuquillase ante la verdad, sí que hubo casos, pero nunca a la hora misma de la boda.
Ø  P- Sí, hombre, el hijo del hermano Bufandas, el que se hizo el enfermo gravísimo durante cinco meses y vomitaba y todo cada vez que lo visitaba la familia de la novia… Pero una mujer aquí jamás dejo de ir a su boda aunque sospechase que el matrimonio no llegaría. ¿O usted recuerda alguno?
Ø  L- El matrimonio que menos duro aquí, según contaba mi madre, fue el de una tal Castra, que dejo al marido a la media hora de acostarse con él la primera noche.
Ø  P- ¿y qué paso?
Ø  L- Que era el tío deforme, con los culos trabucaos,
Ø  P- Explíquese don Lotario
Ø  L-Si, hombre, que él culo, culo, lo tenía debajo de la barriga; y la minina detrás, como rabo cuando la tenia floja, y paralela a la espalda si se le empinaba.
Ø  P- En mi vida he oído cosa igual, do Lotario.
Ø  L- Y claro, ella, así que vio que su hombre la atacaba dándole culas, dio un grito que se oyó en todas las cuevas del barrio, y se fue en camisón por las calles oscuras.
Ø  P- Y usted que es veterinario ¿cree que puede haber hombres con las vergüenzas en la espalda?
Ø  L- La naturaleza, tan loca como los hombres mismos, cría de todo; mancos antes de nacer, Chicos con un huevo grande y dos pequeños en el otro lado; mujeres con las tetas totalmente cubiertas de pelo; sujetos o sujetas, según como se mire,  con coño y picha a la vez, y hasta tías que le gusta acostarse con mastines. Comprenderás, Manuel, que al lado de esas monstruosidades  y otras mil que ignoro, el que las vergüenzas colgantes se hayan quedado rezagadas no es cosa mayor.
“Sobre las cagaditas de unos pájaros”
Ø  P- Decía que mi mujer, cuando de suyo, cada mañana me limpia la guerrera, va enumerando en voz alta, cada vez más alta;<Otra, otra, anda otra; ¡¡¡pero otra aquí!!!>. Y yo desde la cama, mientras me toco los sonrosados o descabezo el ultimo sueño, cuando <las otras> grita.
Ø  L- ¿Y qué media sale?
Ø  P- la verdad es que no paso de treinta.
Ø  L- Como eres el jefe, se conoce que los culos pajareros te tienen más respeto y apuntan para otros cuerpos y escotes sin autoridad.
Ø  P- ¿Y escotes?
Ø  L- Rara es la mujer de Tomelloso que no se acuesta cada noche con las tetas moteadas de gris claro o chorretones, si son pájaros con rayo de vientre.
Ø  P- Y por mucho que madrugue uno para venir al casino, cuando llega a la terraza no queda rodales sin techo de ramas, ni rama sin pájaro. De modo que te pongas donde te pongas, con blusa, chaquea, guerrera o escote palpitante, inodoro de pájaro te haces.
Ø  L- …La otra noche, Manuel, y no me salgo del tema, soñé que el novio ingeniero, el que estaba en huelga de novio caído, amaneció, la mañana que se lo llevaron, tan cubierto de excrementillos voladores que no se le veía.. Y el pobre, al despertar, se creyó ya tan muerto, aunque con mortaja suave, húmeda y gris clara, que empezó a corretear por todo el pueblo, gritando; ¡Perdonarme, señor, perdonarme!
Ø  P- ¡Ay!, que don Lotario éste; cuanto mayor, más imaginación tiene.
Ø  L- Déjate de imaginación. Son sueños…Cuando uno no está inconsciente es cuando ve las cosas buenas… yo, como tú, nunca pude pensar que la Narcisa Romero tenía el culobonito, porque era horrible,  ovalado y con caída, hasta que se lo soñé. Cuando se lo soñé, dos o tres siestas,  no sé porque me pareció precioso, de nalgarrosas, de nalgaprieta,  de nalgadura, de nalgatiento, de mollete cumplido, ojetebeso.
Ø  P- Don Lotario, si no fuese por usted, con sus cosas y cariño, me moriría de tristeza… Todos los días aquí en la terraza de San Francisco, desayunando en la buñolería de la Roció, viéndole las corvas a tantos concejales como he visto subir las escalerillas del Ayuntamiento, tomando las mismas cervezas y escuchando el mismo reloj…; es pesadísimo.
Ø  L- Hasta que te mueres.
Ø  P- Y esta toda la muerte viendo la tapa de la caja por dentro, y luego la bovedilla del nicho, y luego la calavera del tonto del pueblo que te toque encima, o el fémur del cura, en castigo por no haberte confesado nunca, encima tus dientes amarillos, toda la vida.
Ø  L- Joder. Luego dices que yo le hecho imaginación a la cosa. Pero anda que tu… Muerto, con fémur verdoso de un cura encima de tus dientes secos, toda la vida… Hombre, Manuel, Tomelloso no es tan pesado.
Ø  P- Nosotros, por lo menos, tenemos imaginación y buen humor y nos lo pasamos todo por el ombligo, o le instalamos altares, según nos venga…Por cierto , que yo sólo había dicho el fémur de un cura muerto…muerto…que ya es bastante, no fémur verdoso.

CASAMIENTO; PARABELLUM; PARIMIENTO:
Este dialogo es con B de Braulio, el Filósofo, cuñado de Teresa, que parece ser esta en parimiento “ojo” al dialogo.

Ø  B- ¡Plinio! ¡Para el carro!, que te quiero contar <mi circunstancia> de hoy.
Ø  Era Braulio el filósofo, “cuñado de la Teresa”.
Ø  P- ¿Qué pasa, Braulio, que tanto manoteas y me has movido el riñón  con ese grito?
Ø  B- que estoy de parto, ajeno y etéreo.
Ø  P- Explícate solterón.
Ø  B- Digo ajeno, porque la que está en el trance ahí. Unas casas más abajo, es mi cuñada Teresa, la hija de Rodero, aquel que decían que tenía el ombligo bizco. ¿Lo recuerdas?
Ø  P- Pero qué cosas dices, Braulio, cómo como la Teresa va a parir si jamás se le echo hombre encima y ya no sabe en qué almanaque dejo los cincuenta años.
Ø  B- Pues para que veas. Ahí la tienes, empuñándose la panza, a ver si le sale el heredero… Claro que el médico ha dicho y por eso he venido yo, Manuel, que debe tratarse de un parto histérico.
Ø  P- ¿Un parto histórico? ¿Es que van a parir otra vez a doña María Guerrero?
Ø B- Histérico y no histórico, Manuel, que te estas desescolarizando.
Ø  P- ¡Ah, no te había oído bien!... Vamos, un parto de cabeza.
Ø  B- Eso es, mental o<local>, de loca.
Ø  P- Jodo, ¿pero ella había tenido alguna otra vez partos de éstos de boca?
Ø  B- Su hermana dice que sí. Que a los cuarenta años o así, una tarde, cuando comía uvas  sentada en una pedriza, dijo de pronto que había roto aguas. Y de verdad que se le quedo la braga hecha un charco: Pero parto, parto, como ahora con eso gritos de discoteca, nunca.
Ø  P- Sera la menopausia, esa que dicen.
Ø B- Sí la última sed de pita que llega a las mujeres, sobre todo vírgenes, las deszambomba.
Ø  P- ¿Y qué vais a hacer?
Ø  B- Esperar a ver si se le pasa y se queda vencía.  Pero lleva así desde que se metió la luna.
Ø  P- ¿Y ha venido la comadrona y todo?
Ø  B- Como es amiga y vecina, la hemos llamado y claro, ha dicho que de parto ni pestaña. Que no tiene un dedo de panza, el coño cerradico y dormido.
Ø  P- ¿Entonces todo es de garganta?
Ø B- Histérico total…Sí entra alguien en el cuarto se agarra a los barrotes de la cama y empieza a rumbear con la barriga y a dar gritos de víctima. Pero así que nos salimos, ya sin público oyente, se queda calladica la muy tuna. Para pensar el nombre que le va a poner al vientomesino.
Ø  P- ¿Por qué le dices vientomesino?
Ø  B- Coño, Manuel, cómo estás hoy de lento, porque debe ser una cría de aire y no sabemos los meses que lleva creyéndose así.
Ø  P- Anda con Braulio, Siempre igual. ¿Y nunca quiso casarse?
Ø  B- No sé si fue ella la que no quiso casarse o que nunca tuvo pretendientes…Cada día la gente tiene más imaginación y se casa menos.
Ø  P- Ya estás con el matrimonio, tu otra cencerrada, junto a la de los muertos.
Ø  B- ¿Yo, Manuel?... Pues escucha esto que es la primera vez que lo digo… Ya he encontrado mi novia ideal.
Ø  P- ¿Y cómo se llama?
Ø  B- Pistola Parabellum, nada menos.
Ø  P- Pistola…Ya me extrañaba que dijeras algo cuerdo. Y menos a la hora de hablar de tu boda.
Ø  B- Pues sí. Me casare, pero no con una mozanca con los molletes escocios de tanto lavarse en el bidet o como se diga, y con los ojos siempre de par en par de tanto mirarle los cuartos al marido. Me casaré, pero von una pistola del 9 largo Parabellum o con un revolver niquelado, de los que llevaba su antecesor León Hormiga, pero bien limpio y cubierto con un trajecillo de gasa, velito blanco y unas florecillas de azahar alrededor de la culata.
Ø  P- ¿y Luego darle un tiro al cura?
Ø  B- No, a nadie, un tiro es una forma ronca de decir <sí> o <no>.
Ø  B- No, llevármela a la iglesia debajo del brazo y con mucho mimo, tenerla así durante toda la ceremonia, acariciándole, con el pernio del sobaco la culata y con los dedos enguantados el tubo del cañón, mientras toque el órgano la marcha nupcial y después  de la ceremonia, de los parabienes y el convite, en un taxis alquilado, con coronas de flores en las ventanillas, llevármela a casa.
Ø  P- ¿Para tirártela?
Ø  B- Todavía no, para atarla al cabecero de la cama, con una cinta muy ancha de seda y tenerla allí todas las noches, hasta que llegado el primer amanecer, en que me encuentre harto de este nublado diario que es la vida, haga por fin el amor con la parabellum, besándole mucho, mucho la punta del cañón  y acariciándole el clítoris negro del gatillo en el momento que este muriéndome de gusto, apretarle  y dejarme  la montera blandona de los sesos pegada en la viga de aire de mi alcoba…Y en definitiva puñeta, a tantísimo majareta con la cabezas vehementes como culos hay por el mundo… Esa será una novia de verdad, sobre todo si la  tienes  con las balas bien limpias, y perfumadas, entre los ramillos de azahar.
Ø  P- Tú, Braulio, también dándole siempre a lo del suicidio ideal, pero como en el fondo quieres duras más que la campana grande, ni te pellizcas la planta del pie más duro. Y antes de suicidarte serias capaz de acostarte quince o veinte mil amaneceres con cualquier amortajada y con pelos de la ingle ya almidonados.
Ø  B- Que no me conoces bien, jefe, que no me entiendes. Que entre tía amortajada y esposa viva, me quedo con la de los pelos almidonados, aunque me hiele. Yo ni mujer, ni suegra, ni cuñada, ni na. La pistola metía en el camisoncillo blanco colgado sobre la cama, y a pasearme solo y callado por la habitación,  sin que nadie te de la murga de los cuartos, o de destaparte el ombligo a cada nada.
Ø  P- Desde luego, Braulio, que hay multitud de tíos que con el cerebro más maganto que tú, llevan años y años en Leganés.
Ø  B- Yo no estoy loco, jefe. Yo es que tengo imaginación. Imaginación, esa virtual tan rara en la humanidad. Si la imaginación es más escasa que la picha.
Ø  P- Hombre, Braulio, pichas hay de todos los tamaños.
Ø  B- Protesto, jefe. Todas son de dedo más o menos. No hay picha que pueda asomar por el cuello de la camisa, ni por la boca del pantalón. Dedo arriba, dedo abajo, la mayor no excede un puño a la más chica…Pues sí la imaginación del bípedo en altura menos que su pija. Segurísimo.
Ø  P- En fin, sigo por donde iba.
Ø  B- Pero hombre, Manuel, pasa un momentillo a oír a mi parienta quejarse de daño que le hace la nada entre las piernas.
    PUNTO Y FINAL  
--Aquí tienes usted a su amigo don Lotario – dijo la Mora M, Dueña de un Establecimiento del yacer, “casa del placer” 
Ø  L- A tus órdenes, Manuel, ¿pasa algo?
Ø  P- No, que hiciese usted el favor de venir a por mí como le dije. No me encuentro con ganas de ir a pie hasta la plza. Y al tiempo le cuento completa la historia de los dormidos.
Ø  L- Que ahora ya la sabe como nadie… porque la reme se la ha contado toda.
Ø  P- Es verdad ¿se marcho ya a Sevilla?
Ø  M- Sí hace lo menos una hora.
Ø  P- ¿una hora?... /M- Como lo oye.
Ø  P- Muy bien, Mora. Pues muchas gracias por todo. Has sido muy amable.
Ø  M- No faltaba más. El amable ha sido usted, don Manuel.
Ø  P- Buenos días, ¿vamos, don Lotario, o prefiere usted un café?
Ø  L- no lo tomamos ya en casa de la Roció.
Ø  P- Luego hablamos de los dormidos. Ahora lo que me apetece es que hagamos la apuesta prometida de ver quién sabe más palabras de cosas de carro.
Ø  L- ¡Ay, qué Manuel este, con la que me sale ahora! Pues vega, empieza tú.
Ø  P-  Ceño, bocín, arquillos… Siga usted, que haga memoria.
Ø  L- Cubo, escalera, gatos, galga…
Ø  P- Pues sí que empieza usted bien.
Ø  L- ¿Por qué?
Ø P- Por lo de la galga, y sé lo que me digo. Sigo yo: Laíllos, mozos, limones, palometa, la puente…Y…
Ø  L- Pero hombre, Manuel, ¿ya te cortas?: pezón pezonera.
Ø  P- Joder, otra vez. ¡Vaya mañana!
Ø  L- ¿Pero qué te pasa? Manuel.
Ø P- Nada. Sigo: riostra, rodete, serás.
Ø L- Ya todo eso está tirao; tendales, varales, villorta.
Ø P- Claro, y galera, visera, y tablillas

Reflexión serena, lúcida y sabia; una mirada libre que, despojada de prejuicios y condicionantes, encuentra que una vida es solo una farsa, un escenario poblado de personajes acribillados de extrañas melancolías.
Fue en 1981 cuando Francisco García Pavón publicó El hospital de los dormidos. El autor cumplía, por aquel entonces 62 años, edad suficiente, edad sabia para concederse volver la vista atrás; máxime en alguien que había vivido –se dice pronto- dos dictaduras, una república, una guerra civil (con posguerra adjunta) y una incipiente democracia.

(Las guerras nunca nacen de verdaderos enfrentamientos ideológicos, religiosos o militares sino de la obsesión del hombre de convertir en tierra a sus semejantes) arrebatados de melancolía (Las mismas luces de siempre Manuel. En fila, solas y sin esperar nada, alumbrando para nadie) evocando los antiguos parajes ya desaparecidos (esos sarmientos dieron las uvas de la guerra); que la Mancha se haya quedado sin Guadiana no había pasado en la historia; quien nos iba a decir que los cuartillejos de Tomelloso de hace cuarenta años se iban a convertir en estos elegantes hospitales del pito), extrañados de un presente al que ya no pertenecen (cada uno es de la música con que nació).
En una entrevista realizada a Francisco García Pavón en 1973, el escritor de Tomelloso  «a la Mancha nadie le hace caso. Es una tierra humillada. Ya empiezo a estar cansado de tanto Quijote, de tanto Sancho y de tanta Dulcinea. Esto es un abuso y un folklore. Somos la tierra más universal de España, pero donde nadie se para».
Para la historia más completa.

ENLACES, Francisco García Pavón  
                          Biografía de Fº García Pavón 
                         Tomelloso.es
                         AVIARIO LARA SEVILLA
                    

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